Hoy no sé quién soy.
A no sé cuantos días/semanas de no venir aquí, hoy regreso como con el anhelo de encontrar de dónde agarrarme mientras escribo estas líneas.
Me pongo a pensar cual es la frase que más se acerca a lo que quiero decir y me doy cuenta... no sé de qué me doy cuenta. No tengo claro si debo decir “han pasado muchas cosas” o “no ha pasado casi nada” y es que en el fondo mis actividades, mi gente siguen siendo las mismas y mi relación con todo eso no varía mucho, pero al mismo tiempo es como si hubiera algo que se mueve y muta a cada momento haciéndome sentir que pasa todo y nada a la vez.
De lo que ha pasado puedo hacer el recuento mas o menos así: tiempos felices con J., descubrimientos interesantes en terapia, el sentimiento acariciante de saber que tengo una familia, reencuentro con gente querida, planes, planes, ideas, planes... desacuerdos con el Ex, palabras que duelen... más planes. Y esta sensación de no saber quien soy y el deseo salvaje de querer salir corriendo a buscarme y ver, pero no saber o no querer saber cómo.
No sé para dónde. Algo interno me dice lo que debería hacer, pero no sé cómo escucharlo. Me atasco. Me da miedo moverme pero me aterra lo que puede pasar si no lo hago.
La idea es esta: independencia, pero esta vez real.
Mucha gente lo hace todos los días y no niego que me emociona imaginarme ahora sí viviendo por mis propios medios, tratando de percibirme como parte de un grupo que me llama porque ya no tengo cabida en el que estoy.
El punto es: necesito encontrar un lugar para vivir sola y ver qué puedo hacer. La interrogante constante es: ¿me alcanzará el dinero? Sí y no, depende de mis acciones y entiendo que algunos catorrazos son inminentes.
Y al final me pregunto por qué me angustio tanto si ya sé que lo tengo que hacer y que lo voy a hacer, es decir, es imposible quedarme quieta, algo va a pasar.
Hay quienes me dicen que si ya hice algunas cosas como salir de la casa paterna, terminar una carrera, vivir casi cuatro años con alguien y etcs acumulados, pues que entonces voy a poder dar el paso que sigue sin tanta dificultad.
La bronca es que no me lo creo, que pienso que lo ya hecho no fue para tanto, que eso cualquiera y que lo que viene es dificilísimo; que si bien salí de casa, fue para entrar a otra en la que lo económico no me hacía (¿hago?) responsable; que si aprendí a vivir sin papás, los cocolazos vienen al rascarte ahora sí tú solito; que si ahora ya puedo solventar mis gastos personales, no es lo mismo pagar renta, servicios y las cosas de siempre; que si ya terminé una carrera no vale de mucho mientras no me titule... y así voy poniendo negritos en el arroz sintiéndome la contradicción con patas al escuchar muy adentro “déjate de hacer la pendeja y ya no te pongas el pie tu sola”.
Además el anhelo de crecer es muy fuerte, tanto que hasta duele. Siento que me quiero echar a volar, que sí puedo, que sí quiero, pero hay una no sé qué me jala de los pies y no me deja, y quisiera que ese algo fuera algo externo porque no sería tan difícil soltarse como el saber que es uno mismo el que se esconde.
Bueno, por lo pronto ya desahogué una parte del corazón, ya luego exprimo el resto.

