30.7.05

Otra vez me agarró el síndrome de postear sin tener algo así bien en concreto para decir. Quizá es cosa de que así me pasa los sábados.
No sé a dónde voy a llegar con eso de la terapia pisicológica (je) que estoy tomando, imagino que muy muy lejos, pues cada vez me reconozco más y me siento más plena o completa o más segura pues. Ya anduvimos viendo qué onda en mi presente y saqué muchas cosas en claro, ahora dice P. que vamos a indagar en mi pasado... la verdad me emociona y me dan un poquitín de nervios.
P. me deja tareas que al pronto digo "pues va" pero como que no lo pienso mucho, cuando reflexiono de qué va la cosa es cuando siento algo así como cubetadas de agua fría, o el feliz desconcierto de cuando encuentras algo que estaba frente e tu nariz o la placidez de meterte en una tina de agua calientita.
La semana pasada se me fue como mantequilla en pan tostado, osea, fluida y ligerita. La tarea: vivir mi presente, no hacer caso a la vocecilla chocarrera que me pone el pie.
Las tareas de esta semana: Estar presente en mi vida, elegir una heroína de alguna película, cuanto, historia, etc. con la que me identifique y hacer mi cuaderno de sueños.
He estado leyendo un libro que P. me dejó hace unas semanas: Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola Estés y estoy descubriendo una de cosas bárbaras. Si pueden conseguirlo, léanlo.
En otro orden de cosas, el ratito que estoy en casa me he sentido de maravilla yo solita, me preguntan que si no me da miedo y pues la verdad no. Me sorprendo de cómo puedo hacer que el tiempo me alcance para hacer mil y un cosas sin cansarme ni estar estresada.
Algo curioso: parece que mi organismo sólo quiere dormir cinco horas exactas. No importa a qué hora me acuesto, despierto cinco horas después. El problema es que no estoy a costumbrada a vivir tan temprano y entonces me esfuerzo en volver a conciliar el sueño y todo se jode, porque después ya no me quiero levantar y ando como zombie todo el día.
Este fin de semana lo voy a pasar con mi corazón de caramelo (o sea J.) en casa, quizá salgamos de pata de perro un rato pero lo interesante es que vamos a estar juntos practicamente desde hoy por la tarde hasta el martes temprano.
El domingo pasado conocí a su familia: Doña T., su mamá, sus tres hermanos y hermana (J. es el más "peque"), las cuñadas y cuñado respectivamente y el pequeño y hermoso bebé, hijo de su hermana.
Fuimos a una cantina por la calle de Bolivar, que se llama Las Galias y luego nos fuimos a seguirla en casa de su hermano mayor que vive cerca de ahí. Estuvo todo muy agradable aunque sí estaba un poco sacada de onda pero a la vez me sentí como en casa, como si ya los hubiera conocido antes; en cierto momento pensé: Sí me quiero quedar aquí, lo que se puede interpretar como: me gustaría formar parte de esta familia, el tiempo lo dirá.

El jueves tuve mi periodo y nunca lo había recibido tan contenta ni me había sentido tan llena de vida, me dolió un poco, pero no importaba. Sé que a muchas personas no les hacen gracia esos días ni sus vestigios, pero a mí esta vez, me encantó. No sé cómo explicarlo, pero me sorprendí de que en mi cuerpo pasaran ese tipo de cosas, me maravillaba el color rojo de mi sangre y su olor fuerte a hierro. Sí, me caigo bien.

He pensado que me gusta ser mujer y quiero reconciliarme con lo femenino. Estoy conociendo a algunas mujeres fuertes y las admiro. Me gustaría sentirme cada vez más parte de ese mundo y entender lo que haya que entender.

Y pues ya, eso es todo.

26.7.05

Je, nomás vengo a chismear:

El domingo conocí a la familia de J...
*
*
*
*
*
*
*
*
Al ratón escribo largo y tendido, bueno, eso espero ;)

23.7.05

Aunque no siento que tenga algo en específico que decir, tengo muchas ganas de venir y parlotear así nomás, vaciarme sin quedarme seca.
Entonces, empiezo diciendo que me duelen mucho mis dientecillos porque ayer fui al dentista y me puso unas cosas en los brackets que pretenden jalarme los dientes de enfrente para cerrar un hueco que primero se había empeñado en abrir... esto me hace reflexionar varias cosas:
  • Hay veces en las que no puedo hacer otra cosa que tener confianza ciega en las personas: mi dentista, mi psicóloga, mi entrenador de AFG, alguien que me ayude a sacarme una espinita con una aguja... de lo contrario es muy posible que no pudiera con las cosas que cada uno implican.
  • Me jode mucho cualquier molestia física, en verdad me pongo de un humor, que bueno... cuando la cosa se pone menos ruda sólo me queda reconocer y agradecer a los de cerca y que no salen huyendo aunque suelte puteada tras puteada y nada me parezca.
  • Todavía no puedo explicarlo bien, pero se me hace curioso cómo puede haber muchas clases de dolores: desde el que se siente cuando uno se golpea un ortejo mientras se anda descalzo en casa; o cuando algo nos corta alguna parte de la mano pero no nos percatamos hasta que empieza a salir sangre; o el fuerte e inconfundible dolor que algunas sentimos cada mes; un dolor por torcedura o aquellos que son sutiles pero constantes como es el caso del que desde anoche siento en mi boca.
Por otro lado, sumergiéndome entre blogs me doy cuenta de una realidad que se me figura impalpable: estamos en periodo vacacional.
Carajo, desde que salí de la escuela no había hecho conciente el hecho de que ya no voy a disfrutar de unas vacaciones laaargas como antes, y peor aún: no sé hasta cuando tendré un trabajo con goce de éstas. Resulta que el Instituto no cierra hasta diciembre y que como yo estoy bajo honorarios, pueeeess...
Leo, no sin cierta envidia y nostalgia que muchos ya se van o ya se fueron y uno aquí, dándole. Al menos ya conseguí que mis dos días de descanso a la semana ya no estén salteados o me volvía chango.
Y en medio de toda esta euforia veraniega, el Ex se va de vacaciones algo así como 20 días, lo que significa que estaré a mis anchas con el depa para mí solita toooodo ese tiempo y eso me pone feliz como lombriz, además de que casi puedo suspirar aliviada de imaginarme con llegar a casa o despertar en un ambiente tranquilo y sin cosas regadas, que no es por balconear al Ex, pero ahorá sí: cada cosa en su sitio, toallas pachoncitas, cocina limpia, trastes al día y música sin remilgos de ningún lado. Al menos por unos días...

No voy a negar que todavía consumo carne, cuando se supone que he elegido mantener un régimen vegetariano, pero al pensar en lo que implica tener servidos ya sean unos deliciosos taquitos al pastor, una milanesa bien doradita, un crujiente pollito rostizado o un coctel de camarones, me da un no sé qué en la tripa. No, aclaro, no es que no piense que todo eso sea (porque lo es) muy sabroso, sino que se me hace como raro pensar que estamos acostumbrados a comernos a otros animales que hacía unos días andaban bien vivitos y coleando, y que encima no lo hacemos de manera natural como aquellos animales que matan su alimento con sus propias garras y se lo comen lo más pronto posible, sin añadir ni quitarle nada... no sé, se me figura que nos estamos haciendo de la vista gorda y lo justificamos con muchos argumentos que ahora ya no me convencen del todo.

Y finalmente, hoy es sábado, una hora y quince monitos después del medio día, estoy sentada frente a la computadora del segundo piso de la biblioteca donde trabajo, luego de haber saboreado unas donas bimbo, unas chafitas y un licuado de yogurt; escuchando el disco Sweet & source hot y spicy, estrenando una de las blusas que el jueves me compré y a la espectativa de lo que este día puede traer :)

Que la paz de este fin de semana sea en la blogósfera. Cierren lo ojos, repiren hasta sentir que su panza se llena de aire, suéltenlo despacito, sonrían y luego abran los ojos: disfruten. Sea.

19.7.05

Caramba, cómo se va el tiempo cuando se está ocupado: entre el trabajo, mis clases de yoga, el tiempo que paso con J., la terapia con P. mi psicóloga, mis incursiones todavía algo torpes en el mundo vegetariano y mis excursiones a diversos lugares de mi muy querida y a veces sufrida ciudad... no me queda oportunidad de venir a escribir algo, ni siquiera (lo cual no me gusta nadita) para ir a visitar los blogs de personas que se han vuelto especiales con el compartir nuestras letras.
Hoy le robo tiempo al tiempo para confesar algo: no me siento bien.
Desde hace algunos días (no sé si semanas) que me siento incómoda, casi angustiada con mis estados de ánimo, lo que hago o mi forma de ser. Hay veces en las que siento que el trabajo me come pero no podría prescindir de él; pienso también que deseo más cosas de las que realmente necesito. Otro asunto es mi relación con J., pues cuando pensé que tenía muchas cosas resueltas me doy cuenta de que no, que todavía dudo y no sé qué es lo que me detiene para entregarme totalmente como al principio sentí que lo hacía, simplemente un día desperté y sentí que todo había cambiado y fue horrible.
Me siento voluble, inestable y enojada conmigo misma por no saber qué onda conmigo, por dejar que mi estado camaleónico afecte otras áreas de mi vida que ni la deben ni la temen.
Necesito detenerme un rato, pero no sé por qué me cuesta tanto sumergirme a ver que encuentro, es como si me ocupara demasiado en mantenerme siempre ocupada.
A veces pienso que sólo me hago la tonta tratando de engañarme al decir que no sé qué me afecta o que no sé qué hacer, porque la solución la tengo bien clara y que sólo hace falta que de verdad me escuche y me decida a actuar. Un claro ejemplo es que en mi cabeza rebota una idea desde hace algún tiempo y que creo que es la clave de muchos asunto auto-torturantes:

Necesito mi propio espacio. Mis cosas. Mi mundo verdadero.

El problema es que no sé cuando reúna el coraje necesario para hacerlo, por ahora tengo miedo.

Evaluar, poner en la balanza y ser congruente: difícil.
Ya basta.
Hoy digo: Hay que moverse. Espero, quiero que pronto eso se convierta en: Voy a moverme.

5.7.05

El sábado pasado saliendo del trabajo me lancé para casa de mis papás. Como no avisé que iba a ir, no me enteré de que mamá y mi bro se iban para Cuautla a la misa de acción de gracias de una prima que termina la prepa; ni sabía que mi otro hermano se iba a casa de la novia porque al día siguiente salía para Guatemala.
Así que sólo quedamos mi papá y yo... mi primera reacción fue sentirme incómoda, como siempre, pero luego pensé que era la oportunidad perfecta para poder platicar largo y tendido.

Entonces, el sábado empezamos a hablar, de hecho él habló y yo escuché. Empecé a conocer quién es ese hombre.
El domingo hablamos de lo otro, de mi vida, de lo que quiero, mis planes... ambos nos sorprendimos. Finalmente dejamos la puerta abierta para estar juntos, estamos de acuerdo que lo pasado ya no tiene arreglo, pero que estamos aquí y ahora.

Es curioso cómo pude pensar tantos años que estaba haciendo las cosas mal, cómo una frase hace que muchas cosas tiemblen: Te admiro, hija, te felicito. Que lo que estás haciendo sea lo que quieres que todo esté bien.

Fue un fin de semana emocionante, pocas veces he visto a papá al borde de las lágrimas, pocas veces he sentido tanta paz, nunca había estado tan cómoda con él. Sea pues.